Son dos ladrones que todos los días a las tres de la tarde roban todos los cepillos de la iglesia. Un día el cura se cabrea y los espera detrás de la puerta con una estaca y cuando entra el primero le da un estacazo tal, que el ladrón se queda sin dientes. En eso que sale el ladrón a la calle tapándose la boca y le dice al otro: ¡Anda, entra tú que a mi me da la risa!
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